Mi trabajo nace en el exceso y la teatralidad de lo dulce. Me atrae lo ornamental, lo saturado, lo visualmente cálido cuando se vuelve casi dramático.
Me interesa llevar lo adorable al límite: marcos cargados, brillo, color, detalles que no se esconden. Lo exagerado no como ironía, sino como decisión estética.
Hay algo retro y luminoso en lo que hago, una fascinación por lo decorativo y lo escénico, como si cada pieza fuera un pequeño escenario donde lo dulce ocupa todo el espacio.
Trabajo con materiales que mezclan fragilidad y estructura — yeso, porcelana, textiles, cadenas — para crear piezas que parecen delicadas, pero sostienen una presencia firme.

